sábado, 22 de agosto de 2026

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Jack el Destripador: el ADN que apunta a Aaron Kosminski

Un chal de seda comprado en una subasta podría guardar el nombre del asesino más buscado de la historia. En sus manchas se encontraron restos genéticos relacionados con Catherine Eddowes y con la familia de Aaron Kosminski, un barbero polaco que vivía cerca de Whitechapel cuando comenzaron los crímenes.

Para Russell Edwards, el investigador que adquirió la prenda, la coincidencia no deja lugar a dudas: Kosminski fue Jack el Destripador. Sin embargo, existe un detalle capaz de derrumbar toda la teoría. Nadie ha podido demostrar de manera definitiva que aquel chal estuviera realmente junto al cuerpo de Catherine Eddowes en 1888.

La prueba de ADN parece acercarnos al final del misterio, pero también abre nuevas preguntas. ¿Qué significa en realidad una coincidencia del 100 %? ¿Puede una tela manipulada durante más de un siglo conservar una muestra fiable? ¿Y por qué la revista científica que publicó el análisis terminó expresando dudas sobre sus resultados?

Jack el Destripador: el ADN que apunta a Aaron Kosminski

La noche en que asesinaron a Catherine Eddowes

Durante la madrugada del 30 de septiembre de 1888, Londres vivió uno de los episodios más oscuros de los llamados crímenes de Whitechapel. Esa misma noche fueron asesinadas Elizabeth Stride y Catherine Eddowes, con menos de una hora de diferencia.

El cuerpo de Eddowes apareció en Mitre Square, un lugar oscuro situado en la City de Londres. Había sufrido graves mutilaciones y el asesino había conseguido escapar antes de que llegara la policía. La rapidez del ataque, el silencio de la plaza y la ausencia de testigos convirtieron aquel crimen en una de las piezas centrales del misterio.

Catherine pasó a formar parte de las cinco víctimas generalmente atribuidas a Jack el Destripador, junto con Mary Ann Nichols, Annie Chapman, Elizabeth Stride y Mary Jane Kelly. Sus muertes alimentaron una figura monstruosa que terminó ocupando más espacio que las propias mujeres asesinadas.

Algo parecido ocurrió con otros criminales convertidos en personajes de la cultura popular, como puede verse en la historia de Ed Gein, el Carnicero de Plainfield. Con el tiempo, la ficción, los rumores y el horror suelen mezclarse hasta ocultar los hechos reales.

El misterioso chal encontrado junto a la víctima

La pieza clave de la investigación de Russell Edwards es una tela de seda conocida como “el chal de Catherine Eddowes”. Según una historia transmitida por sus antiguos propietarios, un policía llamado Amos Simpson la recogió en la escena del crimen y la llevó a su casa.

La familia habría conservado la prenda durante generaciones, hasta que finalmente apareció en una subasta. Edwards la compró en 2007 y decidió someterla a diferentes pruebas científicas.

El relato resulta fascinante, pero presenta un problema importante: el chal no aparece identificado en el inventario policial de las pertenencias y prendas de Eddowes. Tampoco existe un documento contemporáneo que confirme que Simpson lo recogió en Mitre Square.

Además, Simpson pertenecía a la Policía Metropolitana, mientras que el asesinato ocurrió en una zona controlada por la Policía de la City de Londres. Esto no demuestra que la historia sea falsa, pero hace más difícil establecer una cadena de custodia segura.

La tela también fue guardada, trasladada, exhibida y tocada por diferentes personas durante más de cien años. Cada contacto pudo dejar cabellos, saliva, células de la piel u otros restos. En una prueba genética, esa posible contaminación es un obstáculo enorme.

Como sucede con el macabro caso de la Tamalera de la Portales, la historia repetida durante décadas puede adquirir detalles difíciles de separar de los hechos demostrables.

¿Quién fue Aaron Kosminski?

Aaron Kosminski nació en 1865 en Kłodawa, una localidad situada en un territorio polaco que entonces formaba parte del Imperio ruso. Era de origen judío y emigró junto con miembros de su familia a Inglaterra durante la década de 1880.

En Londres trabajó como barbero y vivió en Whitechapel, muy cerca de los lugares donde se produjeron varios asesinatos. Tenía 23 años durante los crímenes de 1888.

Kosminski no es un sospechoso inventado recientemente. Años después de los asesinatos, varios documentos relacionados con antiguos responsables de Scotland Yard mencionaron a un hombre apellidado “Kosminski”. Lo describían como un judío polaco que vivía en la zona y que había sido internado en una institución mental.

El problema es que esos apuntes no siempre incluían su nombre completo y contenían datos contradictorios. Por eso, algunos historiadores discuten si el sospechoso mencionado por los policías era realmente Aaron Kosminski o si fue confundido con otro hombre.

Kosminski fue internado de forma permanente en 1891 y murió en 1919. Nunca fue acusado, interrogado formalmente por los asesinatos ni llevado a juicio. Sus problemas de salud mental tampoco pueden considerarse una prueba de culpabilidad.

Esta es una diferencia fundamental frente a asesinos condenados como Andrei Chikatilo, el Carnicero de Rostov, cuya responsabilidad fue establecida mediante una investigación penal, pruebas, confesiones y un proceso judicial. En el caso de Kosminski solo existen indicios discutidos.

¿Cómo se obtuvo la supuesta coincidencia de ADN?

Russell Edwards encargó el análisis del chal al investigador Jari Louhelainen, con la colaboración de David Miller. El equipo estudió diferentes manchas y recuperó pequeños fragmentos de material genético.

Una muestra atribuida a la sangre de Catherine Eddowes fue comparada con el ADN de Karen Miller, una descendiente por línea materna de la víctima. Otra muestra, obtenida de una mancha considerada posiblemente seminal, fue comparada con una pariente de la familia de Kosminski.

Los investigadores encontraron perfiles compatibles en ambos casos. Edwards interpretó el resultado como la confirmación definitiva de que el chal estuvo junto a Eddowes y de que Kosminski dejó material biológico sobre la tela.

Los resultados fueron anunciados públicamente en 2014 y desarrollados posteriormente en un estudio publicado en 2019. Por lo tanto, no se trata de una prueba genética completamente nueva. Lo nuevo fue el renovado intento de utilizarla para solicitar otra investigación judicial.

Qué significa realmente una coincidencia del 100 %

La frase “coincidencia de ADN del 100 %” suena definitiva, pero puede llevar a una conclusión equivocada. No significa que exista una certeza absoluta de que la muestra perteneciera a Aaron Kosminski ni que él fuera el asesino.

El análisis se basó principalmente en ADN mitocondrial. Este material genético se transmite por línea materna y puede conservarse mejor que el ADN nuclear en muestras antiguas o degradadas. Su utilidad principal consiste en descartar personas cuando los perfiles no coinciden.

Sin embargo, numerosas personas de una misma línea familiar pueden compartir un perfil mitocondrial idéntico. Incluso individuos sin una relación cercana pueden presentar la misma secuencia. Una coincidencia permite afirmar que Kosminski no queda excluido como posible origen de la muestra, pero no permite identificarlo de forma única.

También queda otra cuestión básica: encontrar material relacionado con una familia sobre una tela no demuestra quién cometió un asesinato. Para que la prueba tuviera verdadero peso sería necesario confirmar el origen del chal, descartar la contaminación y explicar cómo llegó cada muestra hasta la prenda.

El estudio científico que terminó bajo sospecha

El análisis del chal fue publicado en una revista especializada en ciencias forenses. Sin embargo, otros investigadores cuestionaron la forma en que se interpretaron los perfiles genéticos y la falta de información suficiente para comprobar algunos cálculos.

Años después, la revista emitió una expresión de preocupación sobre el artículo. Durante la revisión, se solicitaron los datos originales del análisis mitocondrial, pero los autores explicaron que ya no estaban disponibles debido a fallos del equipo y otras complicaciones.

Esto no significa que el estudio haya sido declarado fraudulento ni que todos sus resultados sean falsos. Significa que las dudas no pudieron resolverse porque otros especialistas no tuvieron acceso a los datos necesarios para repetir y verificar el trabajo.

En ciencia, una conclusión extraordinaria debe poder ser revisada de manera independiente. Si los datos originales han desaparecido, resulta imposible afirmar que un misterio histórico quedó resuelto sin dejar dudas.

La familia de Catherine Eddowes pide una nueva investigación

Karen Miller y otros familiares de las víctimas apoyaron la petición de una nueva investigación judicial. Su objetivo no es convertir a Kosminski en otra figura famosa, sino lograr que las mujeres asesinadas reciban una forma de reconocimiento y justicia.

Para que se abra una nueva investigación en Inglaterra se necesita autorización legal. Solicitarla no significa que un tribunal ya haya aceptado las conclusiones de Edwards. Peticiones anteriores fueron rechazadas porque las autoridades consideraron que no existían pruebas nuevas suficientes.

Un nuevo proceso tendría que examinar la procedencia del chal, la cadena de custodia, los métodos utilizados, los datos genéticos y las objeciones planteadas por otros científicos. También debería determinar si una posible relación de Kosminski con Eddowes permitiría atribuirle los demás asesinatos.

Entonces, ¿Aaron Kosminski fue Jack el Destripador?

Aaron Kosminski continúa siendo uno de los sospechosos históricos más importantes. Vivía en Whitechapel, encajaba con algunas observaciones policiales de la época y un análisis genético lo relaciona de manera indirecta con una prenda atribuida a una de las víctimas.

Pero todavía faltan los elementos necesarios para presentar esa relación como una identificación definitiva. La procedencia del chal no está documentada, existe riesgo de contaminación, el ADN mitocondrial no individualiza a una persona y los datos originales del estudio no pueden revisarse.

La conclusión más prudente es que el ADN fortalece una hipótesis, pero no resuelve el caso. Kosminski pudo ser Jack el Destripador, aunque la evidencia disponible no permite afirmarlo como un hecho.

Después de más de un siglo, la identidad del asesino permanece en ese lugar incómodo donde se cruzan la historia, la ciencia y la leyenda. Es el mismo terreno que convirtió a ciertos criminales en monstruos del folclore, como ocurrió en la verdadera historia de El Hombre de la Bolsa.

Tal vez una futura prueba independiente consiga finalmente revelar el nombre del asesino. Hasta entonces, el chal de Catherine Eddowes seguirá siendo lo que siempre fue: una pieza inquietante que podría contener la respuesta, pero también el objeto sobre el que se construyó otra leyenda.