miércoles, 5 de noviembre de 2025

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La Casa Maldita de Madrid: Crímenes, Locura y Misterios en el Número 3 de Antonio Grilo

En el corazón de Madrid, entre la elegante Gran Vía y las calles donde el bullicio nunca cesa, existe un edificio que pocos se atreven a mirar demasiado tiempo. Es el número 3 de la calle Antonio Grilo, conocido por generaciones como la casa maldita. Ocho décadas después de su primera tragedia, su historia sigue estremeciendo a los madrileños, mezclando crimen, locura y leyenda en partes iguales.

Lo que comenzó como un homicidio en tiempos de censura se convirtió con los años en un catálogo de horrores reales: asesinatos familiares, infanticidios, suicidios y hallazgos que rozan lo inhumano. Cada piso guarda un relato, y cada vecino que pasó por allí tuvo que aprender a convivir con un pasado imposible de enterrar.

La Casa Maldita de Madrid

El primer crimen: un asesinato silenciado

Todo empezó un domingo de 1945. Felipe de la Breña, un humilde camisero, fue hallado muerto en su vivienda del tercer piso. Lo habían golpeado con un candelabro y luego estrangulado. El móvil parecía ser el robo, aunque nunca se detuvo a nadie.

España vivía años de censura y miedo; las autoridades callaron el caso y la prensa apenas lo mencionó. Sin embargo, en el vecindario comenzó a correr el rumor de que algo oscuro había despertado en aquel lugar.

El sastre que oyó voces

Diecisiete años más tarde, en 1962, la historia se repetiría con un desenlace aún más macabro. José María Ruiz, sastre de profesión, asesinó a su esposa y a sus cinco hijos. Uno a uno, los pequeños fueron apareciendo sin vida en el balcón mientras su padre, fuera de sí, gritaba hacia la calle:

“¡Los he matado a todos! ¡Tenía que hacerlo hoy! ¡Ellos me obligaron!”

Los testigos no daban crédito. Ruiz hablaba de “los ummitas”, supuestos seres extraterrestres con los que decía comunicarse. Creía que le habían ordenado sacrificar a su familia para salvar al mundo de una invasión.

Minutos después, se suicidó.

La prensa lo llamó “el carnicero de Grilo”, y muchos vecinos abandonaron el edificio convencidos de que la maldición era real.

El bebé del armario

Pocos años después, el edificio volvió a ser escenario de horror. Rufino Márquez, otro inquilino del inmueble, halló en un cajón el cadáver de un recién nacido. Su cuñada había dado a luz en secreto y, presa del pánico, ahogó al pequeño en la bañera antes de esconderlo.

La tragedia cerró una cadena de nueve muertes violentas en menos de veinte años. Desde entonces, nadie volvió a mirar aquel portal igual.

Una esquina marcada por la sangre

Pero la maldición de Antonio Grilo parece tener raíces más profundas. El edificio se levantó en 1879 sobre los restos de un antiguo cementerio y junto a la travesía de las Beatas, donde siglos atrás se erguía un convento. Allí mismo, según los archivos históricos, un sacerdote asesinó a un vecino que lo había acusado de mantener relaciones con una modista. Fue el primer cura condenado a muerte en España, aunque el rey Carlos III lo indultó antes de ser ejecutado.

Desde entonces, la zona acumuló muertes inexplicables.

En 1915, el panadero Ángel Gómez Castillo fue degollado frente al portal por un amigo.

Años después, Carlota Pereira fue asesinada cerca del edificio por orden de su propio marido.

Y como si todo esto no bastara, en la década de 1990 se descubrió un hallazgo escalofriante: bajo un inmueble vecino, en el número 9, aparecieron restos de más de cien fetos humanos en las cuevas de una bodega. Eran los vestigios de una clínica de abortos clandestinos que operó durante la posguerra.

Entre psicofonías y superstición

Con tantos crímenes a sus espaldas, no tardaron en llegar los curiosos. En los años setenta y ochenta, grupos de parapsicólogos comenzaron a realizar psicofonías y sesiones de ouija en la finca, buscando pruebas del supuesto maleficio. Algunos afirmaron escuchar susurros y lamentos, pero nunca se registró evidencia concluyente.

Los actuales vecinos, por su parte, aseguran vivir tranquilos. Dicen que jamás han visto apariciones ni sentido presencias extrañas. Sin embargo, quienes conocen la historia juran que el silencio del edificio pesa más de lo normal, como si las paredes guardaran memoria de cada grito y cada golpe.

Una maldición sin final

Hoy, el número 3 de la calle Antonio Grilo parece un edificio cualquiera. Su fachada ha sido restaurada, y pocos turistas que pasean por la zona imaginan lo que allí ocurrió. Pero los madrileños más viejos aún bajan la voz cuando se menciona su dirección.

Algunos aseguran que las tragedias de esa casa no son simples coincidencias, sino ecos de un pasado que se niega a morir. Otros, más escépticos, ven en ella solo un reflejo de la violencia y el silencio de otra época.

Sea como sea, la casa maldita de Madrid continúa siendo uno de los lugares más inquietantes de la ciudad. No necesita fantasmas: su historia ya es lo bastante aterradora.

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