El 10 de noviembre de 1992, Hollywood volvió a oscurecerse. Ese día se estrenó Drácula, la visión más sensual, gótica y desbordante de Francis Ford Coppola sobre el mito del vampiro más famoso de todos los tiempos.
Producida por Columbia Pictures, American Zoetrope y Osiris Films, la película renació desde las páginas de Bram Stoker gracias al guion de James V. Hart, quien adaptó la novela original para convertirla en un desfile de pasión, tragedia y horror elegante.
El reparto fue un verdadero aquelarre de talentos: Gary Oldman como un Drácula que mezcla seducción y monstruosidad; Winona Ryder en el papel de Mina Murray; Anthony Hopkins como un Van Helsing desbordado y feroz; Keanu Reeves, Richard E. Grant, Cary Elwes, Sadie Frost, Tom Waits, Monica Bellucci y más figuras que aportaron intensidad a la historia.
La música —una obra poderosa de Wojciech Kilar— terminó de envolverlo todo en una atmósfera trágica y casi ritual.
No fue sorpresa que la película conquistara 3 premios Óscar (mejor vestuario, maquillaje y efectos de sonido), además de otros 21 premios internacionales.
Un amor que atraviesa siglos
La sinopsis oficial es conocida, pero nunca deja de estremecer.
En 1890, el abogado Jonathan Harker viaja a un castillo perdido en Transilvania. Allí conoce al conde Drácula, un guerrero que, siglos antes, había perdido a su amada Elisabeta.
Al ver una fotografía de Mina Murray, prometida de Harker y reflejo perfecto de su amor perdido, el vampiro decide cruzar “océanos de tiempo” para reclamar lo que cree que el destino le arrebató.
Una vez en Inglaterra, su presencia oscura empieza a extenderse como una enfermedad silenciosa. Su primera víctima potencial es Lucy, la mejor amiga de Mina… y todo aquel que se interponga en su camino.
Curiosidades que vuelven más oscuro el mito
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Liam Neeson fue la primera opción para interpretar a Van Helsing, pero el papel terminó en manos de un desatado Anthony Hopkins.
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En la primera reunión del elenco, Coppola obligó a todos los actores a leer en voz alta toda la novela de Stoker. Dos días completos de lectura en voz colectiva, como un ritual previo antes de entrar en la oscuridad.
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Para darle a su Drácula un tono más siniestro, Gary Oldman trabajó con un entrenador de canto para bajar su voz una octava. El icónico grito tras clavar la espada en la cruz, sin embargo, no es suyo: pertenece a Lux Interior, vocalista de la banda punk The Cramps.
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Durante la escena del afeitado, el set se iba cerrando lentamente, casi de forma imperceptible, para provocar una sensación subliminal de claustrofobia.
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Coppola insistió en que, para un vampiro, las leyes de la física no aplican. Por eso las sombras se comportan de manera independiente, como entidades propias.
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El matrimonio entre Mina (Ryder) y Harker (Reeves) terminó siendo real desde el punto de vista religioso: fue filmado en una iglesia ortodoxa griega con un ministro genuino. Según este, al final de la escena… estaban casados de verdad.
Conclusión
Drácula (1992) no es solo una adaptación cinematográfica: es un ritual visual donde el terror gótico, la tragedia romántica y la estética barroca se unen para revivir al vampiro más icónico de la cultura popular. Coppola transformó una historia conocida en una experiencia hipnótica, llena de detalles ocultos, simbolismos y decisiones cinematográficas que aún hoy sorprenden.
Más de tres décadas después, esta versión sigue siendo una de las más influyentes y reverenciadas, capaz de recordarnos que las sombras, cuando se filman con pasión, pueden ser eternas.

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