Durante décadas, el asesinato de John Lennon ha sido una herida abierta en la historia de la música, un crimen que cambió para siempre la cultura popular y que sigue generando preguntas. Pero quizá la más inquietante de todas regresa ahora con fuerza: ¿por qué lo hizo?
En una reciente audiencia de libertad condicional, Mark David Chapman volvió a hablar. Y lo que dijo reavivó el horror. Su respuesta no tuvo una pizca de misterio, ni de conspiración, ni de locura mística. Solo una verdad fría y escalofriante: lo hizo por notoriedad.
Un deseo vacío, banal, y sin embargo letal.
Y aquí comienza un relato que, a más de cuatro décadas del crimen, sigue estremeciendo incluso a quienes creen que ya no puede sorprenderlos.
El día en que el mundo perdió a John Lennon
La noche del 8 de diciembre de 1980, Nueva York estaba sumida en su ritmo habitual, ese pulso frenético que nunca se detiene. John Lennon, recién regresado a la música tras años de silencio creativo, firmó un autógrafo para un hombre que parecía un fan más. Ese fan era Mark David Chapman.
Horas después, Lennon regresó al edificio Dakota, donde vivía con Yoko Ono. Chapman seguía allí. Esperándolo.
Cuando Lennon pasó junto a él, Chapman dio un paso al frente y disparó cinco balas de punta hueca. Cuatro impactaron el cuerpo del músico. El resto es una de las páginas más oscuras de la historia moderna.
Durante décadas, millones de personas buscaron sentido a lo ocurrido:
– ¿Una conspiración?
– ¿Un delirio religioso?
– ¿Una obsesión enfermiza por el libro El guardián entre el centeno?
Nada de eso, según las palabras más recientes del propio asesino.
“Lo hice por mí, solo por mí”: la confesión que hiela la sangre
La transcripción publicada por The New York Post revela lo que Chapman dijo frente al comité de libertad condicional. No intentó excusarse. No intentó justificarse.
Simplemente admitió que la razón fue el ego.
“Fue por mí y solo por mí, desafortunadamente… y tuvo mucho que ver con su popularidad”, confesó Chapman.
Su declaración es brutal por lo simple. La vida de uno de los músicos más influyentes del siglo XX fue arrebatada para que un desconocido “fuera alguien”.
Chapman reconoció que actuó movido por un deseo enfermizo de ser recordado, aunque fuera por algo terrible. Él mismo calificó su crimen como “completamente egoísta”.
Y esa frialdad, esa ausencia absoluta de motivación más allá del ego, es precisamente lo que vuelve el caso tan aterrador.
Los monstruos que matan por odio o venganza son comprensibles en su lógica interna. Los que matan por fama… esos son los que más inquietan.
45 años de prisión, 14 audiencias, 14 rechazos
Desde el año 2000, Chapman ha solicitado la libertad condicional una y otra vez. Y en cada intento, ha recibido un no.
La audiencia más reciente fue su decimocuarta.
El comité escuchó sus disculpas, pero no las encontró creíbles ni suficientes. Sus palabras de arrepentimiento fueron consideradas insuficientes frente al impacto devastador del crimen.
Chapman declaró que hoy ya no busca la fama que tanto anhelaba en 1980. Dijo que quiere ser olvidado, que lo “pongan bajo la alfombra, en cualquier lugar”.
Pero incluso ese deseo contrasta con su acción original. La fama que buscó sigue viva, aunque no como él imaginó: no como celebridad, sino como uno de los asesinos más odiados de la cultura popular.
El perfil de un asesino sediento de reconocimiento
A lo largo de los años, psicólogos, criminólogos y periodistas han intentado descifrar la mente de Chapman. Aunque él afirma que ya no está interesado en la notoriedad, su crimen continúa generando análisis sobre la motivación más inquietante que puede guiar un asesinato: la búsqueda de atención.
Existen casos similares —asesinos que buscan dejar una marca en la historia, aunque sea a través del horror—, pero ninguno lo logró con un impacto tan global como Chapman.
Matar a un Beatle fue un acto que reescribió las reglas del fanatismo extremo y reveló cómo la obsesión por la fama puede convertirse en un arma mortal.
¿Debería salir libre algún día?
Cuarenta y cinco años después, el debate persiste.
¿Debe alguien que asesinó por fama tener siquiera la posibilidad de recuperar la libertad?
Para el comité de libertad condicional, la respuesta sigue siendo no.
Chapman tendrá otra oportunidad en 2027, pero muy pocos creen que su libertad sea posible. Más aún tras admitir que mató por un motivo tan superficial y aterrador como querer “ser alguien”.
El crimen que cometió no solo arrebató una vida, sino que marcó a generaciones enteras. Lennon no era solo una estrella; era un símbolo cultural, un artista que pregonaba la paz en un mundo dividido.
Y esa ironía —que alguien que predicaba el amor muriera a manos de alguien que buscaba fama— sigue siendo un recordatorio del lado más oscuro de la idolatría.
Un crimen que nunca deja de resonar
El asesinato de John Lennon no fue simplemente un hecho policial. Fue un trauma colectivo para los amantes de la música y para todo el mundo en general.
Quizá por eso, cada vez que Chapman habla, el mundo vuelve a escuchar. No por él, sino por lo que representa: la capacidad del ego para destruir, la fragilidad del mito, el precio cruel de la fama.
Y aunque Chapman diga hoy que desea ser olvidado, sus palabras recientes solo confirman algo doloroso:
la motivación detrás de uno de los asesinatos más impactantes del siglo XX fue tan simple como espeluznante.






